Poeta de hoy en Buenos Aires, Argentina
Fernando Sánchez Zinny
Versos para una amiga
Llamarte amiga es extender los brazos
sin que la angustia los encierre.
Decirte amiga es desandar la aurora
en que el sauce se inclina suplicante.
Buscar cerca del corazón algún reparo
de traslúcida sombra
en que habite el destino.
Saberte amiga es encender un canto
en que se cumple la promesa antigua.
Es temblar en el quicio de la dicha,
convocar la pureza y los zorzales.
Hablarte, amiga, es musitar una plegaria
con estos mismos labios
que aborrecieron la piedad.
Desde el efluvio de tu nombre
la soledad se agranda y compadece,
las lágrimas decaen convertidas
en gotas de rocío;
y es el adiós como un ensalmo
para que huya el lejano instante en que sonríes:
triste ademán cuando el sobreviviente
vuelve al destierro tras haberte amado,
Soñarte amiga es abolir el tiempo,
negar la inmensidad al lúgubre recaudo
que acompañaba
el temor de que fueses, o no fueses,
entonces mía, mía, mía, mía.
Roma Rotela
Ausencia en el sol
Aquí
donde hace cruz
tu ausencia con mi sangre.
desde este solar interno de silencios
donde mana el amor y rompe el llanto
quiebra, agoniza, sacude con su frío
esta ausencia en el sol
enredándome en sombras
excluido tu nombre, sal y rosa
del contorno cerrado de la piedra.
La voz, cristal sin destello
al filo de la ya, sin ti jornada
en siembra sin cosecha
en un campo arrasado.
Olvidada de trinos
mi raíz de la tarde
atraviesa con penas
desconocidos conos
de gritos y silencios
madurados en calles.
Osca duende sin nave
he arrojado los peces
al acuario del tiempo
y te busco, te busco
sin hallar a tus pasos
paralelos y míos.
Quiero tanto encontrarte
y vestirte de alas
tenues alas de pájaro
volviéndote hasta un tiempo
de montañas y mármoles
castaños, olivares
estorninos y alondras
en tu tierra italiana.
De su libro: “Convocadora de Pájaros” - 2005
Poet of today in Kyoto, Japan
Takashi Arima
Notes on Transmigration
This day and this moment
will be buried someday
as will my favorite chair, the familiar room
stairs, and walls too, I suppose
In the arms of invisible misfortune
all those repeated days will perhaps
be reflected in the windowpane of a desolate house
showing a series of nondescript events
Certainly, steadily, something approaches
with silent steps, not far from here.
Now it has come up behind me
No piece of flesh or warmth of body lingers
I was here once, but wonder
what remains as evidence of my existence?
When the curtain rings down
perhaps I'll run back over yesterday
in the hope of regaining the day's light
I'll probably rush to the window
Only to realize it never will come back
That which I watched so intensely
That which I held so lovingly in my hand
will never return
The fury abated
as if nothing happened
Only the bullet holes in the wall remain
Completely exhausted
My stiff neck
craning like a statue
And now the original Japanese version
of Takashi Arima's poem
Nuri Escorza
Algún día moriré
“Me moriré en París con aguacero
en un día del cual tengo ya el recuerdo”
César Vallejo
Será en la espesura de un mañana
donde las voces no anunciarán partida.
Donde la lluvia cubrirá los rostros
desdibujando el llanto.
Moriré tranquila.
Mi sonrisa, volará en el espacio.
Mi canto, no reconocerá el dolor.
Vista artística de la lluvia por Hiroshige Uragawa:
Tokio 1797 – Edo 1878, Japan
Poeta de hoy en Málaga
Álvaro Cordón Flores
Como gritos
Como gritos de trompetas estentóreas,
que recorren con estrépito
los huecos socavados de los valles,
caen los augurios de desgracias,
salpicando de negros presagios
los brotes de una nueva primavera.
¿Qué sarcástica predicción de los dioses
esparció la sempiterna agorera,
doblando a ritmo lento los compases?
¿Qué confines recónditos
conquistará la carpa,
vestida con luces de lentejuelas?
¿Qué lares recorrerá la suerte
dejando, como premios de ruleta
envueltos en densos resplandores,
los dardos oblicuos de la muerte?
Pájaros de corazón de bronce,
con alas de titanio enverado,
volarán los caminos del viento
llenando las tierras de nardos,
cubriendo de rojas amapolas
los azules jardines del tiempo.
Y cuando los campos se aneguen de sombras,
¿quién pondrá una alfombra verde
en los blancos epitafios
de las ciudades redondas?
¿Quién abrirá la oscuridad
que cubre de silencios largos
la tristeza sobre el mar?
¿Quién clamará, ante el cielo,
por las barcas de los puertos
que nunca regresarán?
Sólo las níveas miradas de la Luna,
bajarán en las solitarias noches,
a platear el rocío de diamantes
para esconder su llanto en la bruma.
Escritor poeta y pintor en Santa Cruz de Tenerife, Canarias
Dimas Coello
El calor
cuando entré en el pueblo, todo estaba desierto. Ni los perros ladraban. Me sentí muy solo, ya que al bajar de aquel carguero, ni el jefe de estación, me recibió con la bandera. El tren llegó, llegó y llegó y para salir, salió echando humo. No es para menos, porque me estoy derritiendo como un flan.
Es el calor, que no deja vivir a nadie. Aquí desde los claros del día, se sestea a la sombra de cualquier rincón de tejado o en los pocos y cadavéricos ficus que hay entre la calle central y la calle dos. Están derrengados, yo diría petudos más que encorvados de tantas calorías. Y el agua, es tan poca, que ya sólo cabe la meada del perro; pero son tan vagos, que viven patas arriba junto a cualquier vecino, que en cualquier hamaca o silla, estiran el cuerpo, aquí, allí, arriba o abajo.
El trabajo es poco, como poca la gente que trabaja. La mayoría son viejos. Más bien, viejos de espíritu, porque el agobio envejece a cualquiera. En la sombra se vive sofocado. En el sol, te quedas descuerado. Por eso es bueno, no salir del sombrajo, si no quieres que te duela la cabeza.
Aquí la gente traga alcohol para refrescar el gaznate. De ahí que entre bandazos crucen la carretera, con esa agonía de vivir en un soporífero baño termal. Se convierte uno, en una bestia acorralada.
Yo, por mi parte, tan deprisa compré, que me despedí soplando. Luego sería otro tren de la hora, el que me daría un pitido de respiro, cuando serpenteaba el calor, ya llegando a la costa.
Elena Perla Piscun
La extraña sonríe
sabe que nadie
lo sabe.
(Ni lo sabrá)
La extraña lo recuerda
piel y fuego,
palpitando mariposas.
Pasaron sus lenguas
por cada rincón
de los cuerpos.
Reían,
untados en dulce.
hundidos en espuma.
envueltos en pétalos.
Nadie lo sabe.
Lía B. S. de Samyn
El valor del silencio
Reeducadora de la voz y la palabra,
camino mi destino enseñando a usarla
y abusando de ella, no hay puerta que no abra
y con ella en el alma, logré comunicarla.
Hoy que ha pasado el tiempo,
el que enseña la verdad de la vida,
pienso que ha llegado el momento
de aprender a medirla.
Por lograr construirla, no calculé el espacio,
el valor, la conciencia, la fuerza, la nobleza...
de apreciar un momento lo que vale el SILENCIO,
que se guarda a la vista, de esta triste pobreza.
Poderoso silencio, el de la reflexión,
que frena las palabras y nos hace pensar.
Si callados logramos ponernos en acción,
sobrarán las palabras y podremos actuar.
Poeta de hoy en Santiago de Cuba
Reynaldo García Blanco
DÍAS VERTIGINOSOS
GLORIA DE LA POESÍA
Se viven días vertiginosos. Hartos ya del ruido y el hastío urbano, los poetas hablan de esa desidia que tuvo una prehistoria y un renacimiento. Volver sobre la correspondencia de algunos románticos ingleses o la atmósfera sicodélica que marcó a los imaginistas, será una manera de comprender que cada estadio de la cultura ha tenido su cuota de estrés y desencanto.
Sólo lo difícil es estimulante decía Cervantes (Siglos después José Lezama Lima se apropiaba de la frase) y a ojos vista las barreras a saltar por el animal político e intelectual que lleva dentro todo hombre.
Sin poner en duda la bandera que se enarbola, hay días en que el guerrero se pone a la vera del camino y cuenta sus angustias. Angustias a las que no fueron ajenos Homero, Píndaro; o más cercano en el tiempo: José Asunción Silva (tan amigo de Wilde y Mallarmé). (Trabajar cansa).
Decía la palabra angustia y también pudiera decir zozobra y desazón. Sinónimos más o menos, no quitan luz al encanto de hablar del desencanto. Y por esos caminos me encuentro un poema del nicaragüense Ernesto Cardenal, que viene como anillo al dedo:
Como latas de cerveza vacía y colillas
Como latas de cerveza vacía y colillas de cigarrillos apagados, han sido mis días. Como figuras que pasan por una pantalla de televisión y desaparecen, así ha pasado mi vida. Como los automóviles que pasaban rápidos por las carreteras con risas de muchachas y música de radios... Y la belleza pasó rápida, como el modelo de los autos y las canciones de las radios que pasaron de moda. Y no ha quedado nada de aquellos días, nada, más que latas vacías y colillas apagadas, risas en fotos marchitas, boletos rotos, y el aserrín con que al amanecer barrieron los bares
Ernesto Cardenal
(uno de los más destacados religiosos de la teología de la liberación)
Días arduos repito y ahí está la tierra baldía para poner la palabra que nombre los desastres que nos acompañan. Ya habrá otro espacio para cantar las batallas ganadas, los premios, los denarios ganados con el sudor de la frente, con el pleito a capa y espada frente a la página en blanco.
Días vertiginosos de leer los periódicos a saltos. Días de distanciarnos de ese otro que nos acompaña y no permite ver los amaneceres aunque no sean tan apacibles.
Diseccionada ya la maquinaria de la tristeza y con las herramientas algo anticuadas de los monjes benedictinos, habrá que armar nuevas historias de vida y que esa fugacidad de la que habla Ernesto Cardenal se convierta en otra materia, en otro crecimiento. El vasto campo del poema será la cimiente. Será la lata vacía de cerveza, el aserrín con que al amanecer barren los bares. Esos bares donde hemos ido a hablar de política, de mujeres, de budismo Zen, de T.S. Eliot o de Julián del Casal. Bares arduos y vertiginosos como los días que corren para gloria de la poesía misma.
Carina Paz
A dos voces
Vuelvo para medir tu noche con gesto pretencioso,
regreso por el día, trazo mi surco,
me despojo de tu oscura sustancia a medida que arrojo las
semillas
sólo para bordear la casa con una historia nueva
que avanza como un huésped desprovisto.
Sin embargo, sabes que el deseo es sólo un instrumento
relativo
cuando el espejo indaga en nuestra sombra y nos divulga,
cuando la piedra convoca irremediablemente a los padres
del otoño
para aprender la certeza de la hoja caída,
la imposible eternidad del hijo,
el último sorbo de vino entre los hombres.
No me hables de partir, aún no he llegado
con mi antorcha boreal a iluminar el mundo que comienzo.
Por momentos somos libres de imaginarnos en otro sitio
pero acaso sea necesario retroceder sobre las huellas que
preparan el camino.
He honrado tu sangre perfeccionando los errores,
disolviendo culpas necesariamente ajenas, sepultando
testigos.
Es sólo que duele en la piel abandonar a ese niño en medio
de una noche sin excusas.
¡Déjalo ir! Deja que tiemble la aldaba de las horas.
Porque nosotras, hija,
las que ya han partido, las que aún no han llegado
llevamos en la frente un mismo testamento de lágrimas de
hierro y de ternura.
Quizás porque sabemos que el tiempo desordena
inevitablemente la tristeza
cuando el círculo es el mismo y nos encierra.
Y mientras busco algún vuelo que me salve de la muerte...
... despliego mis alas sobre todos tus abismos.
Poeta melillense trabajando en Málaga, España
Ramón Álvarez Jiménez
Soy Papel y Pluma
Si me faltáis esta noche
cuando mi alma tiene sed de poesía,
seré un viajero sin equipaje
y mis versos, no tendrán vida.
Si al caminar junto a mis sueños
os olvido en el camino,
hallaré entre mis pasos el miedo.
Tú, eres mi papel blanco,
yo te pinto de poesía.
Y tú, eres mi pluma negra,
la que delata tristezas, alegrías,
como cara y cruz de la vida.
Si me descuido, me sorprenderá la mañana,
perderé la veleta que indica mi destino...
No me importa perderme en la noche
si mi papel y mi pluma permanecen conmigo.
IN MEMORIAM
Charles Ferdinand Ramuz
Écrivain suisse né à Lausanne
(24 septembre 1878 / 24 mai 1947)
Derborence
Récit
(douzième partie)
Il n'y eu que Maurice Nendaz qui ait deviné ce qui se passait; Il s'était cassé la cuisse autrefois en abattant du bois dans la forêt, la cuisse gauche; et, comme elle avait été mal ressoudée, elle faisait angle avec elle-même, de sorte qu'elle était plus courte que l'autre.
A chaque pas, il tombe de côté.
Il s'est avancé encore un peu dans la ruelle, pendant que les fenêtres se fermaient et les portes faisaient du bruit en retombant; puis, s’étant placé en retrait derrière l’angle d’un fenil, voilà qu’il appelle tout bas :
- Hé ! Justin.
C’était un de ses voisins, un jeune homme de quinze ou seize ans, qui n’était pas encore rentré chez lui.
- Tu as sommeil ? lui a dit Nendaz. Non ?... Eh bien, va passer une veste et viens avec moi.
- Où est-ce que vous allez ?
- Tu verras.
Justin avait été mettre une veste ; quant à Nendaz, on a vu qu’il était déjà prêt à partir, son chapeau sur la tête, un bâton à la main.
- Tu n’as parlé de rien à personne... Bon ! ça va bien. Il faut les laisser dormir tranquilles encore un moment.
On entend le bruit qu’il fait avec son bâton sur les pierres ; on a entendu le bruit qu’il a fait avec sa mauvaise jambe qui cogne plus fort que l’autre quand il appuie dessus.
Dès qu’on est sorti du village, le chemin qui mène à Derborence commence à monter, prenant de flanc la côte où il y a de petits bancs de roche superposés, entre lesquels ne poussent guère que quelques buissons épineux et des pins rabougris aux troncs rouges. De jour, on voit très bien la ligne en oblique qu’il fait là ; elle est droite comme si on l’avait tracée à la règle ; on la suit de l’œil dans toute sa longueur jusqu’à une coupure dans les rochers, deux cents mètres plus haut, où elle disparaît tout à coup. Mais, à cette heure, et comme la lune venait de se cacher, c’est tout juste si on distinguait les inégalités de sa surface qui étaient grandes, et assez gênantes , car les deux hommes n’avaient point de lanterne. Il y a des pierres rondes qui fuient sous la semelle, il y a des feuilles de schiste qui basculent, il y a des cailloux qui font saillie et où bute la pointe du pied. C’est pourquoi ils allaient lentement et pourquoi Nendaz allait le premier, ayant en outre sa mauvaise jambe à faire obéir, ce qui n’était pas toujours facile. Nendaz ne disait rien. On le voyait vaguement pencher de côté, se redresser, pencher de côté, tandis que sa main droite prenait appui sur le bec de sa canne. On l’entendait souffler, parce qu’il avait de la peine. De temps en temps, il s’arrêtait un moment sans se retourner ; et Justin faisait halte à son tour, ayant seulement devant lui, dans l’ombre, une espèce d’ombre plus noire, qui était sans tête, parce que Nendaz la tenait penchée en avant.
Mais un petit peu de blanc s'était mélangé à l’air comme quand, dans un pot de couleur sombre, on laisse tomber un peu de couleur claire en remuant.
Ils approchaient du bout de la ligne droite que le chemin faisait sur la pente et ensuite il n’y avait plus de chemin. A ce moment, l’air qui était noir avait commencé à devenir gris, ce gris devenant lui-même de plus en plus transparent et léger autour d’eux, où les choses reprenaient peu à peu leurs couleurs. Les pins sont devenus verts, leurs troncs rouges ; les fleurs étaient blanches et roses aux branches de l’églantier. Il faisait jour, il allait faire grand jour ; on pouvait de nouveau utiliser ses yeux, on regarde ; on a vu que des rochers se dressaient devant vous, barrant le chemin. Mais on a vu aussi qu’il y avait dans ces rochers une entaillure.
Maurice Nendaz brusquement s'était arrêté ; il écoute ; il dit à Justin :
- Tu entends ?
Suivra dans le prochain numéro
Chemin menant à Derborence
Le lac avec éboulement de pierres, et le Mont Gond
Esther de Izaguirre
Padre navegante
No querías saber nada
de las fotografías de pájaros en vuelo.
No querías comprender la existencia necesaria
de los supermercados, las farmacias,
los quioscos de noticias.
Querías saber del mar
porque nunca pregunta...
Pero ayer te dejamos en un cuarto mezquino
y busqué por los rincones
para ver por dónde tu alma
podría salir al aire
de ese pueblito blanco
que también fue tu cuna,
y volver a los puertos
en los que anclaste con tu risa llana,
y a los pueblos que ahora busco en los mapas
y no existen.
Padre, duende, delfín
qué hacer en esta jaula
con la herencia del vuelo.
Y sin tus alas.
Poeta de hoy en Santiago de Chile
Belkis Crespo Abreu
Espejismo
Nadie me hable del infierno.
Conozco el paraíso y lo prohibido.
Eva soy
frágil como esta lumbre
que forma el universo
la serpiente se cruza en mi camino,
menuda traición,
un golpe más y en el fondo
también puedo ser la serpiente
morderme a mí misma
como a la manzana
pecaminosa y salvaje.
Un golpe más
y quedaría sin perdón
mi apariencia de lirio.
Es la trampa.
La puerta exacta de la muerte.
Escritora de hoy en Málaga, España
Pilar Martín Lanuza
Pánico en las nubes
Nadie habría negado que Don Celestino era un hombre cabal. Singularmente equilibrado, y dueño de sí, inveterado productor de reacciones ponderadas, sensato hasta la náusea, y por completo desprovisto de sentido del humor. Cuando aquella mañana, Don Celestino llegó al aeropuerto, su semblante era una máscara compuesta de sentido común, circunspección y emociones bien custodiadas.
Pero cuando, una vez instalado en su asiento del avión, este echó a andar por la pista hacia la rampa de despegue, y las azafatas entregaron las normas de seguridad, Don Celestino rompió en carcajadas, que muy pronto revelaron su esencia de auténtico ataque de histerismo. Temblando de pies a cabeza, nuestro hombre se deshizo del abrazo del cinturón de seguridad; y, de un poderoso brinco, se echó en brazos de la azafata.
El resto del pasaje comenzó a rebullir, inquieto en sus asientos. Lo cierto es que nadie las tenía todas consigo; si bien, hasta entonces, habían conseguido dominar su miedo y sus instintos de huida.
- Yo me apeo – dijo en voz bien alta un pasajero.
- Yo también, - corearon al unísono otros veinte.
- Si no me abren las puertas, aquí mismo vomito – anunció una anciana de modales autoritarios, mientras señalaba, con su aguja de hacer punto, el rostro de una atribulada azafata que no pudo evitar romper en un sonoro llanto, absolutamente desbordada por la situación.
El avión se elevó finalmente entre un coro de rezos, gritos, lloros y toda clase de ingeniosas amenazas a la tripulación.
Quienes arreglaron el entuerto fueron dos terroristas internacionales, que habían subido al avión con el claro propósito de secuestrarlo y llevarlo al Golfo Pérsico. Pero ahora, enloquecidos de pánico, rompieron en la cabina y, a punta de metralleta, obligaron al comandante a volver al lugar de partida.
Cuando el avión aterrizó con todos sanos y salvos, fueron vitoreados como héroes; Don Celestino recobró sus espíritus y el resto del pasaje se prometió, muy seriamente, no volver a pisar un avión.
¡Si Lindbergh levantara la cabeza!
***
De su libro anecdótico: NAVES EN LAS NUBES
Armando Palma Laterrade
Describir simplemente un día
La mañana se muestra en el sin fin
con la lluvia y su proyecto de figuras.
Un único día de caminos y farallas emergido
de partículas de fuegos.
Su rostro verde amarillo en su afán de embrujo.
Del álamo, sus hojas abrazadas al tronco
repelen el aire en un ajetreo de giros.
Hierve la humedad del asfalto.
Un cantar de ave se extiende al orbe
y la luz salta por la vereda como eco.
La magia de la concha aguardando inmóvil, la distancia
deslumbra los siglos.
De tarde se saborea lo perecedero
del equilibrio hendido en la costumbre.
Ya parten los rostros hacia las grietas.
Se agota la redondez y en el fango pulula el polvo.
El sosiego percibe la sombra y la hondura azul
forma el mar.
Ya palpan los sobrevivientes caerse al trozo el día.
Castillo del Morro, La Habana
Mirta Cevasco
Francisco de Quevedo y Villegas
En la noche apacible
me esperan las señales
de múltiples cantos...
“...Señor, desnúdame de mí...”
Si envías del Parnaso
plegaria semejante
¿cómo puedo involucrarme en este verso
que me pesa, sólo al intentarlo?
Francisco de Quevedo.
Esconderías acaso tu arrogancia
o era una de tus tantas ironías.
La espera desnuda
te ha resignado alguna vez,
a callar las decadencias
menos decadentes que tu ocaso.
¿Pudo la pena desbordar tu cuerpo
suplicar la soledad
para dejarlo después estoicamente
regresar en vuelo a su morada?
De su libro: SEÑALES (2005)
Don Francisco de Quevedo y Villegas, grabado sobre acero por M. Brando, teniendo como modelo el cuadro pintado por R. Ximeno.
Esta ilustración está sacada de la obra: “Geshichte der fremden Literaturen – zweiter Teil” (Historia de la literatura extranjera – segunda parte), de Otto von Leixner, publicado en Leipzig, en 1898
Poeta de hoy en Málaga, España
Adelina Pérez Blaya
BESOS PERDIDOS
¡Qué lástima de los besos
que no son como semilla!.
(¡Si besar es maravilla!)
y otro no hace caso de ellos.
¡Qué pena siento y dolor!
Hoy besos como hoja seca
que no nacen del amor,
porque su savia está muerta.
No los goza quien los tiene
¡Yo que no los tengo vivo
en una perpetua sed!
Con los besos que se pierden,
en desamor o en olvido
¡Qué Feliz podría ser!
LOST KISSES
What a pity for those kisses
not being like seeds!
(It is so wonderful to kiss!)
and others don't care.
What a sorrow and a distress!
The kisses born without love
are like dry leaves
because their sap is dead.
Who got them don't enjoy them
and I, who don't have them,
live in an everlasting thirst!
With those kisses getting lost
for oblivion or lake of love
How Happy I could be!
English version by
Mariette Cirerol
Susana Rillo : poeta argentina fallecida en 2006
Momentos
Frágiles momentos de felicidad
que como cristales
fulguran en la memoria.
Los convoca una flor,
un olor, una mirada.
Vuelven como ráfagas,
fugaces se diluyen
en la nada...
Pero ahí están
interiorizados en el alma,
sosteniendo el andamiaje
para no zozobrar.
Fiel reflejo de la existencia,
sin ellos nada sería posible;
con ellos, es posible soñar...
En la IX CIELE, septiembre de 2005.
De izquierda a derecha: de pie, Susana Rillo y Koichi Yakushigawa.
Sentados: Lina Caffarello, Mirta Cevasco y Pablo Cassi.
Poeta de hoy en Maputo, Mozambique
Florindo M. Mudender
Versos en harapos
(de su manuscrito que lleva el mismo título)
El poniente y el suave contorno del ocaso
Un estuario luminoso y la densa bruma que cubre la marisma
Un eco que se replica a la vez que se extingue
El abrasador mediodía y la vibración del aire y de la luz
Llamaradas que se propagan en la sabana
Los moteados de sombra a lo largo del camino
Una mancha borrosa que se vuelve nítida
Las inmediaciones de un lugar al que me está permitido
acercar pero no llegar
Y diminutos fuegos en el caserío que se extiende
en la otra orilla al declinar la tarde
La codicia de un alba y la silueta invisible de una ciudad
Lo que cabe en la mano y se acomoda a su concavidad:
la redondez de una manzana
El destello del asombro el presentimiento y luego
la certeza de algo
El gesto vehemente con que se afianza la palabra
La acuciante necesidad de desertar del algún pasado
hacia el cual me inclino
Hay la noche que es un indescifrable enigma y
Hay la memoria que es en un tiempo el ocaso y el alba
Hay la luz del crepúsculo que alumbra un rostro
Hay la luz que alumbra al mármol
Hay la luz que va expandiéndose mientras se ha apagado
la fuente
Hay el eco de una voz ya inaudible
Hombres sentados o de pie en los vanos de las puertas
El camino largo y estrecho
La tez oscura y las venas henchidas y salientes
La mirada profunda y a veces de improviso el atisbo
de una sonrisa
Los contornos difuminados
La mirada deslumbrada
El espectro
La pálida luminosidad y el borde invisible de una mujer
Hay el cauce de un río que discurre silenciosamente
Hay la ardua mirada de la esfinge
Hay entre la última gota y la siguiente de un reloj de agua
la zozobra de un ocaso
Hay alrededor de las cosas la bruma del alba
Hay las dos caras de la luna y una rosa que se abre
Clara Langerman
Mi madre
A mi madre, es siempre, cuando voy,
cuando vengo.
Cuando estoy.
A mi madre, es en el espejo diario de
verme reflejada.
Cuánto tiempo pasó y cuánto la
ignorancia de no
percibir la entrega hasta no
encontrar la propia.
Tu presencia se hace comprensiva y
brillante cada día.
Cada huella en mi cuerpo cubierta por
el tiempo, acerca tu imagen.
Tus palabras se vuelven caricias.
¡Hoy madre! Los latidos de tu
amor, llegan.
¡Hoy madre! El espejo de tu amor
es mío.
Y tu voz acaricia.
¡Hoy madre! Comprendo mucho más
gracias a ti.
Medardo Ramos
Aprende a ser feliz
Aunque rujan las tormentas,
aunque veas pasar el turbión,
aunque caigan las montañas...
aprende tú a ser feliz.
Si las olas se estremecen,
si hasta edificios se mueven,
y si estrellas se cayeran...
Si un terremoto te acosa,
si bombas caen ante ti,
si el cielo de sombra se cubre...
que no te lleguen a hundir.
Aunque animales feroces vieses,
si el sol se cubre de gris,
si ante ti escuchas tormentos...
que no te venzan a ti.
Aunque escuches asechanzas,
de una guerra si hay que huir,
a pesar de un mundo austero....
no te impidan ser feliz.
Si es que amas con tu alma,
si contigo mora Dios,
si a tu prójimo tú acoges...
aprenderás tú a ser feliz.
Mari Ángeles Castillo Romero
La cordura de los ojos
Así me siento,
desnuda como la geisha
sin su maquillaje y tocado.
Torpe e indefensa como la mariposa,
sin el polvo blanquecino
que dejan de estela sus alas.
¡Ay que ver, cómo lloramos los locos
cuerdos de sentimiento!
Es un tul funerario
el pasar de mis días,
con la sonrisa ajada
como árbol tras el hachazo.
Equívoca semilla
y más aún yo (su fruto).
Soy un aprendiz de jinete
sobre un caballo medieval
en una partida de ajedrez.
Aunque incomprendidos (“nosotros los locos”)
somos presos que gritamos con los ojos,
la palabra LIBERTAD.
Elvira María Lestani
Andando (Por las calles de mi ciudad) A paso largo midiendo la calle. escribo en el suelo. ¿Historias? Quizás... ¿Recuerdos? Tal vez...
Se mezclan, se mezclan Y ... al final de la calle, no puedo entender Si es sueño, o recuerdos. O si es realidad.
Bailando el Tango en una calle
del Barrio de San Telmo (Buenos Aires)
Poeta di oggi in San Giovanni, Bolonia
Marco Masetti
La prospettiva
O dolce prospettiva,
che nel ridotto spazio del quadro
comprimi una profondità immensa,
che solo la mente può concepire !
Nell'apparente convergere
delle parallele all'orizzonte
mi accorgo di poter intuire
l'infinitamente lontano.
Come nel mio quadro,
così nel microcosmo
del mio essere uomo
può collocarsi
una scintilla divina,
il transcendente
la mia limitatezza
può illuminare.
Esfera, by Marco Masetti
Version française du poème de Marco Masetti
par Mariette Cirerol
La perspective
Ô douce perspective,
qui dans l’espace réduit du tableau
comprime une profondeur immense,
que seul l’esprit peut comprendre !
Dans l’apparente convergence
des parallèles de l’horizon
je sens que je peux deviner
l’infiniment lointain.
Comme dans mon tableau,
dans le microcosme
de l’homme que je suis
peut prendre place
une étincelle divine,
transcendant
illuminant
mes limites.
Dessin de Marco Masetti, de son livre en italien:
La veglia de la ragione
reçu le 27 août 2008
C'est un recueil de poésies et de dessins, qui cherche un traducteur/éditeur
Es un libro de poemas y dibujos, buscando un traductor/editor
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Auteur/Author address is:
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